[N]o es fácil conocernos a nosotros mismos, tampoco conocer al otro, pero lo que es dificilísimo es tener la fortuna de encontrar esa persona que nos complementa, que sonríe ante los mismos estímulos que nosotros, que sufre ante las mismas injusticias, que es capaz de estar feliz en silencio en nuestra compañía y de preocuparse por nuestro bienestar de forma desinteresada. Y además que vaya envuelta en un cuerpo que nos excite y que sepa usarlo. Casi nada. Sin embargo, hay que intentar encontrarla con la tenacidad del buscador de pepitas de oro, y para ello las webs de contactos son ríos cuya corriente tiene que ser cribada. Por eso, bien están las siguientes diez reglas de oro para buscar y encontrar esa pareja soñada, que paradójicamente y jugando con palabras, procederá de un mundo virtual, se hará real y se acercará a nuestro ideal.
1ª. Buscar un sitio o varias web de relaciones que sean populares, con garantías de seriedad, y con muchos usuarios registrados. Hay muchas web artificiales que se nutren de cifras irreales y de activos operadores que colocan señuelos de fotos con mensajes suplicantes, totalmente ficticios, aunque lo que no será ficticio será el pagar por ir mas allá. En el anterior post ya sugerimos los veinte sitios de contactos mas populares.
2ª. El apodo (nickname) es importante. Una flor atrae por el color y el aroma, y una persona virtual por lo que dice la etiqueta de su “nombre de guerra”: cuanto mas sugerente, mejor.
3ª Nunca decir “la verdad y toda la verdad” en los formularios de registro y presentación, ni a las primeras confesiones al otro. Debe optarse por lo general a lo particular. Por mostrar la dimensión social y salvar la intimidad. Sobre el perfil y nuestras circunstancias personales, económicas y sociales o de salud, pues cuanto menos mejor.
Eso sí, publica una foto realista, que las mentiras visuales se pagan en decepciones y rechazos de la ansiada pareja.
4ª Nunca creerse todo lo que dicen los demás y recordar:a) que el photoshop unido a la imaginación convierten la bestia o el bestia en la bella o el bello. b) que la Wikipedia y la fabulación pueden mostrar un perfil intelectual que se evapora.
5ª. Nada de contactar con amores lejanos, al otro lado del océano o sorteando escollos de lengua o distancias geográficamente enormes. Téngase presente el dicho mexicano: “amor de lejos, amor de pendejos”. Es posible el amor con alguien que está en las antípodas, en otro continente o a mas de mil millas o kilómetros, pero frente a las remotas probabilidades de que salga bien se alzan los inconvenientes reales e inmediatos de alimentar tales contactos.
7ª No esperar milagros. En esos zocos de encuentros de pareja hay de todo. Pero hay que ser consciente de que se nutre en buena parte de personas con lo que calificaríamos cariñosamente de “abollones” ( rupturas traumáticas anteriores, separaciones y divorcios, hijos, problemas de sociabilidad,etc). Eso no es un juicio negativo pues detrás hay excelentes personas pero bien está saberlo pronto ( en las primeras citas, el mecanismo de autodefensa lleva a silenciarlo o disfrazarlo), y no enterarse cuando la relación avanza.
Por eso hay que poner en libertad vigilada o “cuarentena” el sueño que se cumple de forma fácil,rápida y exacta. En particular especial desconfianza hay que tener con las chicas de los países del este, pues aunque no todo es hojalata tampoco es oro todo lo que reluce, ya que la necesidad por salir de sus países puede dictar lo que presenta como su corazón.
Y como no, desconfiar de los “ganchos” de la propia empresa que sostiene la web de relaciones. Si alguien recibe a los pocos días de registrarse un meloso mensaje del chico/chica de sus sueños, y responderle supone abonar algún coste o envío, pues mas vale dejar de soñar un poquito y darse una ducha fría. Con la cabeza fría volver a analizar el mensaje y entonces decidir.
¿Se trata de mentir o de desconfiar?. No. Sencillamente de pescar o dejarse pescar en un mar revuelto donde hay mucho tiburón. Para pescar sin ser pescados hay que moverse mucho y conocer el ecosistema.
8ª Disfrutar del cortejo, seducir o dejarse seducir, jugar a tanteos y tonteos. Nada hay de malo en ello si no se hace daño al otro. No hay inconveniente en conocerse personalmente, en vivo y en directo, o incluso en darse un revolcón de buenas a primeras, o varios ( si el cuerpo aguanta y ambos disfrutan) pero enamorarse es otra cosa que lleva tiempo.
El deseo de amar y ser amado, de tener pareja, lleva a ser generoso y a mostrar predisposición a ofrecerse barato. Quien tiene sed se abalanza sobre un espejismo. Los flechazos que apuntan no son los primeros. Para enamorarse, hay que aplicar la regla de la tercera cita. Tras el tercer encuentro cara a cara ( o “cuerpo a cuerpo”) el cuadro impresionista de la otra persona se perfila mas familiar y cercano, y por supuesto nada mejor que la cuarentena antes de adoptar decisiones traumáticas o de sacrificio por ese nuevo amor ( dejar el empleo, cambiar de ciudad, sacrificar intereses vitales,etc).
9ª Como en el ajedrez, hay que “jugar simultáneas”. O como dice el refrán “no hay que poner los huevos en el mismo cesto”. En esos foros suelen conocerse “chicas/os” Guadiana, que ahora aparecen y luego desaparecen, volviendo a reaparecer, según les va el mercado o según sus vicisitudes afectivas. Hay que acostumbrarse a no estar pegado al ordenador para recibir el ansiado mensaje, como hay que acostumbrarse a las desapariciones súbitas o turbulencias de la relación. Para mantenerse en conexión y tanteando varias personas simultáneamente hay que tener mucha memoria, o bien apuntar en una libreta o similar, los datos de las personas con las que hemos contactado así como su perfil y nuestros propios comentarios para asegurar la congruencia y evitar errores fatales.
10ª No dejar de hacer vida social fuera de internet. Entablar relaciones y abrir nuevos horizontes sentimentales consume energías y tiempo. Mucho tiempo esperando, chateando, contestando, preparando respuestas y encuentros. Hay que conservar siempre el aire fresco de la vida inmediata, de las amistades y familiares cercanos. A veces son un ancla que limita la libertad de nuestras decisiones pero las anclas también garantizan la seguridad frente a las tormentas.
Y sobre todo tener suerte… porque hay personas como nosotros, con buen corazón al otro lado del muro de la red…