El significado original de la palabra “piropo” (del griego pyropus: rojo fuego) radica en el calificativo para las piedras preciosas de color granate vivo, tal como el rubí. O sea, una joya. Y de ahí el contenido halagador para hombre o mujer tan solo un paso: el deseo de expresar con una palabra vistosa el impacto de la belleza.
Las cinco mujeres mas piropeadas de la antigüedad, y que debemos presumirlo por su belleza y las crónicas de la época, unido a la posteridad que no ha escatimado alabanzas, serían las siguientes:
Helena de Troya. ( 1300- 1250 a.C.¿mito o realidad?). Grande debería ser su belleza y la admiración de griegos y troyanos, cuando según Homero, no solo cautivó a Paris sino que desencadenó la guerra entre dos pueblos hermanos mas cantada por los trovadores. El pintor Zeuxis para pintar a Helena rogó a las cinco doncellas más bellas de la ciudad de Crotona que le permitieran pintar lo más bello de cada una de ellas.
Aspasia de Mileto ( V a.C.). Amiga de Sócrates y esposa de Pericles, famosísima por sus bellos pechos. También fue acusada de ofender a los dioses y se libró gracias a su sabiduría y elocuencia.
Friné. (IV a.c). La amante y musa de Praxiteles que le brindó el piropo de reflejarla en sus maravillosas esculturas de Venus Afrodita. Fue acusada de delito de impiedad por desafiar con su belleza a la misma Afrodita, de manera que el orador que le defendía convenció a los jueces acudiendo a aquello de que “una imagen vale por mil palabras” con la estratagema de presentarla desnuda ante el Tribunal, por lo que fue absuelta.
Reina Cleopatra (69- 20 a.c). Su nariz debería ser espectacular, o su piel tersa a juzgar por los baños de leche de burra que tomaba, y el resultado debía provocar grandes piropos en César y Marco Antonio, caudillos seducidos por su belleza. En el caso de Julio César, se presentó a sus ojos en Alejandría envuelta en una alfombra portada por un fornido esclavo, que fue desenrrollada para mostrar su bello contenido provocando un auténtico clímax de su admiración.
Valeria Mesalina (25-48 d.c.) fue la tercera esposa del emperador romano Claudio y dio a luz a Octavio, el futuro emperador. Emperatriz, fue conocida por complacer a todos los hombres por su lascivia. Acudía a diario a uno de los más cutres burdeles de Roma , Suburra, donde, utilizando el nombre “artístico” de Lycisca, y tocada con la peluca amarilla distintiva de las prostitutas romanas, vendía o regalaba su favor sexual a todos.
Y si a alguien le interesa una estupenda historia del piropo, aquí la tenéis.












