El amor, cuando es auténtico, reclama contacto, intimidad y dedicación. El problema radica cuando una relación amorosa se inicia a gran distancia o cuando una relación estable se ve forzada a distanciarse temporalmente ( razones laborales, familiares, estudios, etc). Hablamos lógicamente de distancias geográficas referidas a otro país, región o ciudad, que determina tanto la dificultad para verse asiduamente por tener que pernoctar en distinto lugar, como la simultánea necesidad de comunicarse por vía telefónica, mediante correos electrónicos o a través de intermediarios.
Remoto y utópico es el ejemplo del mítico Ulises que estuvo lejos de Penélope por la guerra de Troya y ésta le esperó fiel pacientemente los veinte años de ausencia. Hoy día pocas son las guerras y mucha la tecnología al servicio de la comunicación, pero también el ser humano del siglo XXI es mas intolerante, quiere el placer inmediato y tiene menor capacidad de sacrificio. Así y todo, el amor se ve sometido a la fuerza centrífuga – que aleja- a de la globalización ( movilidad laboral y educativa) pero también a la fuerza centrípeta – que acerca- de una tecnología de internet que permite un contacto virtual intenso y frecuente que amortigua el distanciamiento físico.
Junto a dichos tan positivos como el clásico de que ” el amor no tiene fronteras” está el pesimista ” amor de lejos, amor de pendejos”. La distancia no es un escollo insalvable para el éxito de la relación amorosa, pero plantea problemas y dificultades reales. Veamos los diez problemas mas graves que acechan en la espesura de la distancia. Leer Más









